Por Dr. Alexis de Jesús Ávila Zapata
Médico Cirujano – Escuela Superior de Medicina, IPN, México D.F.
Especialista en Medicina Biológica y Homotoxicología – Universidad del Sinú, Montería, Córdoba.
Práctica destacada en Biopuntura.
Más de 30 años de experiencia en Medicina Biológica y Homotoxicología: 13 años en México y 17 años en Colombia. Nacido en Montería, Córdoba, Colombia.
Hola estimados colegas, hoy quiero compartir con ustedes una reflexión sobre un símbolo que nos acompaña desde la antigüedad en la medicina: el Caduceo de Mercurio.
Se dice que Mercurio, el mensajero de los dioses, portaba este símbolo en su mano. Más allá de su significado mitológico, el caduceo tiene una manifestación directa en nuestro propio cuerpo. Las serpientes entrelazadas han simbolizado históricamente la sabiduría, la dualidad, la renovación y la sanación.
El Caduceo en el cuerpo humano
En términos anatómicos y energéticos, estas serpientes corresponden a dos finos conductos ganglionares, semificios y semietéricos, que se originan en los testículos en el hombre y en los ovarios en la mujer. Se enroscan alrededor de un “bastón” que culmina en un círculo, representando el cerebro, mientras que las alas del caduceo simbolizan la elevación hacia niveles superiores de conciencia.
Comprender esta realidad en nuestro propio cuerpo es fundamental para quienes deseamos llamarnos verdaderos médicos.
Sabiduría ancestral
Así como Moisés fue instruido en la Biblia a elevar una serpiente sobre una vara para sanar, antiguas culturas hindúes, chinas, mayas, chibchas e incas ya conocían este principio, dejando sus registros en monolitos y libros sagrados.
Estudios modernos muestran que, al utilizar medios de contraste en el cuerpo humano, se observan canales ascendentes a lo largo de la columna vertebral que se cruzan en la frente o entrecejo, atraviesan la tiroides y llegan hasta el corazón.
La energía vital y el semen
Este flujo vital indica que algo esencial debe trasladarse desde los órganos sexuales hacia el corazón y de allí distribuirse a todo el organismo.
Ese “algo” es el semen, rico en vitaminas, minerales, fosfolípidos y lecitinas, nutrientes esenciales para el sistema nervioso central y para todas las células del cuerpo. La naturaleza no lo dotó de millones de semillas por mera casualidad ni para unos instantes de placer: su función primordial es nutrir, fortalecer y prolongar la vida, asegurando vitalidad y salud.
Conclusión
El caduceo de Mercurio no es solo un símbolo: es una guía para comprender la energía vital que fluye en nuestro cuerpo y su conexión con la conciencia, la sanación y la longevidad humana.
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